Año 1907. Primera Coronación de Ntra. Sra. de Gracia

A principios del siglo XX aparece en la vida caudetana una gran figura humana, admirado por unos, criticado por otros, pero que dejará una gran huella en la historia que hasta hoy perdura. Se trata de D. Francisco Albalat Navajas, Conde de San Carlos, que en su juventud en el siglo XIX había sido miembro de la Corte del pretendiente Carlos, en el turbulento periodo de las Guerras Carlistas. En el Caudete de la época se puede decir que es la persona con mayor influencia de la Villa, de él dependen todos los hilos de la vida municipal. De este hombre podríamos escribir ampliamente, pero no debemos salirnos de nuestro asunto,.
Albalat pertenece a la antigua institución de la Mayordomía, que todos los años organiza y celebra en septiembre actos en las fiestas en honor de la Virgen de Gracia. Pero para el año 1907, además se ha decidido celebrar el XIII Centenario de la venida de la Virgen de Gracia a Caudete. La verdad es que hoy día este hecho nos parece algo más que sorprendente, pues carecía de ningún tipo de base histórica, pero entonces es posible que se pensase más en buscar una fama y una notoriedad en las celebraciones marianas muy por encima de los de otros muchos lugares.

El comienzo del año marca el inicio de los preparativos para tan magno acontecimiento. El 30 de marzo ya se produce una reunión de los mayordomos, y con ellos Albalat, en la que se intercambian impresiones sobre las próximas fiestas “Centenarias” que se han de celebrar en ese año. El 9 de abril ya se ha decidido contratar a un adornista de Valencia, llamado José Muñoz, para que se encargue de engalanar la parroquia con “colgaduras y arañas de cristal” en el interior y fachada de la Iglesia, todo ello por el precio acordado de quinientas pesetas. Además, la Mayordomía correrá con los gastos de transporte del material desde La Encina a Caudete y viceversa, hecho que nos hace suponer que el envío se hizo por ferrocarril.

Sin embargo, los preparativos no iban a estar exentos de polémicas. Y ello se da con ocasión de la contratación de las bandas que van a acompañar los actos del 1 al 9 de septiembre. De una parte, para los días 7, 8 y 9 se busca una orquesta de mayor prestigio, contratándose una de Valencia, dirigida por el maestro D. Salvador Giner, compuesta por 40 profesores, con un costo de 2.000 ptas. y el viaje pagado. Por contra, para los seis primeros días se piensa en una banda menos profesional y más económica, pero se va a desestimar la oferta de la banda de la Villa, que pedía unos emolumentos de 750 ptas. más los gastos de tres o cuatro músicos de otras poblaciones. Así pues, se decide contratar a una orquesta foránea.

Este hecho provocaría no poco revuelo en la población, hasta el punto de que el 27 de mayo de 1907 D. Clemente y D. José Mª Herrero, Mayordomos Comisionados para contratar las orquestas presentaron sendos oficios renunciando a su cargo de miembros de la Mayordomía, debido esto a las críticas recibidas de una parte de la población a su gestión (más bien sería por no contratar a la banda local). Sin embargo su dimisión no será aceptada y recibirán un voto de confianza de los mayordomos reunidos en Junta.

Pese a estos problemas, los preparativos siguieron su curso, y para la organización de los fuegos de artificio se contratará al pirotécnico de Ayora José Alarte, confirmándose que se disparará un gran castillo, otros más pequeños en las procesiones y una traca, todo ello por la suma de 875 ptas.

En este ambiente de creciente actividad, llega la celebración de la Junta de la Mayordomía de 13 de junio de 1907, fecha crucial en el desarrollo de nuestro tema. En ella el Presidente D. Luis García Pérez anuncia que ha convocado la reunión de Mayordomos a instancias de D. Francisco Albalat Navajas, el cual quiere exponer su proyecto de regalar a Nuestra Señora de Gracia una corona de oro hecha con las joyas que pertenecieron a su difunta esposa la dama francesa Helene de Saint Aymour, Baronesa de Caix, fallecida el 30 de octubre de 1906 y cuyos restos reposan en la Iglesia de S. Francisco de Caudete. D. Francisco continuará su disertación pidiendo que se le conceda el derecho de ser el depositario de dicha corona, colocándola siempre él, y pasando después de su muerte este privilegio a sus herederos. Unánimemente los Mayordomos agradecerán el magnífico regalo a Albalat, y acceden a concederle los privilegios que pide.

Así pues, es en este momento cuando aparece en escena la más valiosa corona que hasta entonces (y aún hasta hoy) ha llevado la Patrona de Caudete, así como también el Niño Jesús, ya que realmente la donación fue de dos coronas, que como ya hemos visto con anterioridad, son las que habitualmente adornan la talla.

La lista de joyas que dieron lugar a las coronas sería muy larga de citar, pero diremos que la construcción de las piezas parece ser que se encargo a un orfebre de Venecia, y que no todas las joyas sirvieron para la fabricación, sino que algunas se dieron en pago por el oro que hizo falta para formar la base de la Corona. Una vez terminada esta, y antes de enviarla desde Venecia a España, la Corona sería bendecida por S.S. el Papa Pio X, amigo personal de D. Francisco Albalat.

Aparte del anuncio en la junta antes mencionada de la donación, D. Francisco Albalat quiso dejar constancia notarial de su extraordinaria aportación al patrimonio de la Mayordomía, así como de las condiciones que la regirían. De esta forma, se encargó a D. Tomas Megías Castillo, Notario del Ilustre Colegio de Albacete, que realizaba sus funciones en Caudete, el redactar un acta notarial, con cargo a los fondos de la Virgen, donde se hace entrega por D. Francisco de las dos coronas a D. Pedro Rocamora García, obispo de Tortosa, que interviene por delegación del Excmo. Sr. D. Juan Maura Gilabert, Obispo de Orihuela, a cuya diócesis pertenecía entonces la Villa, y en el documento se describen minuciosamente las dos coronas. Destaca por su riqueza y grandiosidad la de la Virgen, cuya descripción de su composición sería, como ya dijimos, larguísima para reproducir aquí, pero vamos a contentarnos con transcribir el fragmento del inicio de esa relación:

“…el señor D. Francisco Albalat Navajas a mi presencia y la de los testigos le hizo entrega (al obispo D. Pedro Rocamora) de dos coronas, una destinada a la citada Imagen (de la Virgen) compuesta de lo siguiente: un collar con cincuenta y tres perlas rodeadas de rubíes; un brazalete con catorce brillantes de tamaño mediano y dos chispas de brillantes, dos medias perlas blancas y una perla negra, todo ello en la parte superior del cuerpo principal de abajo, bajo del collar anteriormente citado lleva un camafeo con cuatro perlas blancas y esmaltado, un león sobre oro azul y con un colgante rubí grande…”

Y así se conforma una lista de joyas de siete páginas para la grandiosa corona de la Virgen, y una página más para la del Niño:

“…Y otra (corona) para el Niño Jesús que va en brazos de la referida Imagen y que se compone en su parte baja de quince rubíes grandes, cuatro medias perlas, seis esmeraldas con veinte chispas de rubíes, veinte diamantes y seis camafeos; un camafeo rodeado de rubíes pequeños, un centro granate, media sortija con un rubí y dos diamantes pequeños,…”

Es evidente la magnificencia y grandiosidad de estas piezas de orfebrería, baste decir que la figura de la Virgen debió sufrir una remodelación para asegurar el ajuste de una corona mucho más pesada que cualquiera de las anteriores.

Don Francisco Albalat, además, va a dejar también bajo control el futuro de la donación ante posibles incidencias de cualquier tipo, como podemos ver en el apartado final del acta, que aquí reproducimos:

“…Don Francisco Albalat Navajas en el momento de entregar las coronas detalladas, hizo constar que las donaba con la precisa condición de que han de destinarse perpetuamente para el uso único y exclusivo de estas imágenes de Nuestra señora la Virgen de Gracia, Patrona de Caudete y Niño Jesús que lleva en sus brazos, hasta el punto de que si en cualquier tiempo las Potestades eclesiásticas, civil o militar, la mayordomía de Nuestra Señora de Gracia, cualquier Corporación, Hermandad, Cofradía, Comunidad o particular, quisiere destinarlas a otros usos, reformarlas, permutarlas enagenarlas, en aquel momento pasarían a ser propiedad particular del Señor Cura párroco o autoridad superior eclesiástica de ésta villa, tesorero de la mayordomía citada e individuo de la familia del donante que desempeñe el cargo de Patrono, cuyos tres señores (que fallecido el Donante serán los depositarios de las citadas coronas) las venderían inmediatamente con las formalidades legales y su producto se destinaría a aumentar el capital o patrimonio del Asilo para huérfanos de ambos sexos que bajo la advocación de San Vicente de Paul construye el Donante en el Barrio de San Francisco de Asís, de esta villa.
El Excelentísimo e Ilustrísimo Señor Obispo de Tortosa recibió las coronas antes mencionadas que acepto desde luego en la representación con que interviene.”

Aparte las formalidades legales, el día esperado llegó por fin, y el 7 de septiembre, enfrente del Santo Cristo, en el Barrio de San Francisco se produjo la esperada coronación, que, como estaba acordado, fue realizada por el mismísimo D. Francisco Albalat, dentro de un acto al que acudió todo el pueblo.

La ceremonia en si, resulto de una extraordinaria fastuosidad y magnificencia, con gran afluencia de autoridades políticas y religiosas, pero sin embargo no estará exenta de ciertos curiosos incidentes. De esta forma, en la misma Mayordomía se elevarán quejas por el hecho de que algunos mayordomos habían acudido con invitados al acto, aposentándolos en asientos reservados a los mayordomos, por lo que algunos de estos tuvieron que permanecer de pie durante todo el transcurso de la coronación. Así pues con posterioridad se acordaría como norma que cada mayordomo sólo podría tener derecho a ceder su propio asiento.

Además de este curioso precepto, los mayordomos decidirán tras las fiestas de septiembre comprar algunas fotografía de la Virgen coronada para enviarlas a Roma, a S.S. el Papa Pio X, que como ya hemos citado con anterioridad, era viejo conocido del Albalat de la época en que era miembro de la corte del pretendiente Carlos y Pio X era todavía el cardenal Giusseppe Sarto. D. Francisco Albalat, a título personal, regaló a la Mayordomía varias fotografías de la coronación (hoy perdidas), que fueron convenientemente enmarcadas y colocadas en la Sacristía. Se acordó además, que los costos de las escrituras y actas de la coronación serían costeadas por la Mayordomía, que hubo de pagar al ya citado notario D. Tomás Megías.

Viviendo este ambiente, que casi podríamos decir de mayor esplendor hasta ahora del patrimonio de la Mayordomía, con estas preciosas joyas, don Francisco Albalat Navajas fallecerá en 1916, siendo enterrado en la Iglesia de San Francisco, mandada construir por él mismo, y donde ya vimos que reposaban los restos de su primera esposa.

Vemos pues, que gracias a Albalat la vieja talla de la Virgen se halla ahora en posesión de la corona más valiosa de toda su historia. Pero la vida seguirá su curso, y con la llegada de la década de los treinta la agitación política va a alcanzar en muchos casos los límites de extremismo. La Mayordomía se ve inmersa en los acontecimientos que sacuden España y el 4 de mayo de 1936 el Presidente de ésta, D. Manuel Golf, decidirá nombrar guardas jurados para custodiar el Santuario, siendo elegidos para el cargo José María Carrión (que era el santero) y Manuel Puche. Pero esta no era la primera medida que se tomaba para la protección del patrimonio de la Virgen, como ya vimos en abril de 1935 se había encargado al escultor D. Manuel Ibáñez Díaz una réplica de la imagen de Ntra. Sra. de Gracia para sustituir a esta última en caso de posible amenaza violenta, medida que a la postre no se realizó

Pese a todo se sigue dando imagen de normalidad, y el 1 de julio de 1936 se están preparando las próximas fiestas de septiembre, nombrándose al predicador de estas, el mercedario Padre Carbonell, contratándose los fuegos artificiales a Jaime Bañón y la orquesta a D. Luis Gil. Pero con la llegada del 18 de julio de 1936 los acontecimientos se precipitarán, pues da comienzo la Guerra Civil española.

El día 22 de julio del mismo año se produjo el incendio del Santuario, con la quema de la antigua talla. Del mismo modo, se produjo la desaparición de la valiosa corona de D. Francisco Albalat, que se hallaba guardada en una caja fuerte situada en el hueco de una escalera que hay en la sacristía de la iglesia de Sta. Catalina. Es este un oscuro episodio del que poco se sabe y que ni siquiera logró desentrañar el gobierno de la República. El notario de Caudete D. César González, el 16 de septiembre de 1937 envió toda la documentación que había en su notaría relativa a la corona a Almansa, desde donde le fue requerida por un juez especial, todo ello relacionado con el llamado sumario número cincuenta y dos relativo al “robo de alhajas de la iglesia parroquial de Caudete”.

Ni la República ni en el posterior gobierno del General Franco se logrará dar con el rastro de la famosa corona, y el misterio llega hasta nuestros días.

Año 1950. Segunda Coronación de Ntra. Sra. de Gracia

Tras el periodo de esplendor que significa en la Mayordomía de Ntra. Señora de Gracia la figura de D. Francisco Albalat, hemos llegado al punto de inflexión que marca la trágica Guerra Civil española. Al término de este sangriento conflicto los mayordomos se encuentran con una situación desastrosa del Santuario (ha sufrido un incendio), a la vez que la antigua talla de madera de la Virgen y el Niño así como sus valiosas coronas han desaparecido.

La talla que vuelve a instalarse en el santuario es aquella réplica de D. Manuel Ibáñez que había sobrevivido a los avatares de la guerra. Teniendo ya imagen, la primera decisión de los mayordomos será la de encargar en Valencia dos coronas, una para la Virgen y otra para el Niño, que costarán 240 ptas., por lo que deducimos que nada tenían que ver con la riqueza de las anteriores, pero en aquel momento era lo único que se podía hacer, ya que esto supuso para los mayordomos una aportación extraordinaria de 50 ptas. (dedicadas a pagar las coronas, una nueva imagen de S. Blas y reparaciones en la ermita), que para la época era un esfuerzo considerable.

Como se ve, se trata de medidas de emergencia para solucionar el problema temporalmente. De esta forma, en 1941 se adquirirá una imagen que se ha procurado que sea lo más parecida posible a la que se perdió durante la guerra, y que será realizada por el escultor D. Miguel Bañón Díaz.

Solucionado el problema de restituir a la ermita una imagen digna de la Patrona de Caudete, la Mayordomía afronta la cuestión de dar a la Virgen una corona de mayor valor que la que por necesidad hubo de comprarse tras la guerra. El primer paso será intentar averiguar algo sobre el paradero de la antigua corona de D. Francisco Albalat, para lo que se nombra un representante que irá a Madrid a realizar las gestiones oportunas para ver si puede ser recuperada, siendo el encargado de tal misión el tesorero de la Mayordomía, D. Juan Requena Muñoz. Sin embargo tales investigaciones no conseguirán ningún resultado.

Así pues, la Mayordomía en 1948 se movilizará para conseguir fondos dedicados a la adquisición de una nueva corona lo más valiosa que se pueda. A nivel popular, en las Fiestas Patronales de ese año, en el cancel de la Iglesia Parroquial, se comienzan a recoger los donativos de todo aquel que desee hacerlo.

El 1 de mayo de 1949 la Mayordomía acuerda formar cuatro comisiones que se encargarán de pedir en el pueblo. Aparte de esto, los mismo Mayordomos se imponen una cuota extraordinaria de cien pesetas. Igualmente la Mayordomía aporta un potro (posiblemente donado por alguno de sus miembros) para ser sorteado el día 10 de septiembre de 1949 delante de la puerta del Ayuntamiento en una rifa ante el público, por el que se conseguirá la estimable cifra de 8.145 ptas.

El 1 de enero de 1950 se acuerda que la Coronación tenga lugar durante las Fiestas Patronales de ese año, y con ese motivo se nombra una Comisión de Honor que se encargue de ir preparando todos los actos a realizar.

Mientras las iniciativas de recaudar fondos continúan con más acciones recaudatorias, el 22 de enero de 1950 se acuerda formar una comisión de mayordomos para pedir en todas las casa del pueblo, a la vez que a los caudetanos residentes fuera de la población se les enviarán folletos invitándoles a cooperar. La respuesta popular a esta iniciativa es masiva, y cada cual aporta según sus deseos y posibilidades, de lo cual queda constancia en los fondos documentales del Santuario, donde se guardan las listas que recogen el nombre de cada donante y la cuantía de sus aportación, por pequeña que esta haya sido, con lo que se demuestra que todas se consideran importantes para consecución del objetivo deseado. Podemos hablar de 6 interminables listas en las cuales podemos reconocer a muchos caudetanos de la época, algunos ya desgraciadamente desaparecidos. Todos ellos colaboraron con la Mayordomía para lograr que su Patrona tuviera una corona digna.

Volviendo a nuestro relato, por fin, ya en febrero de 1950 se acuerda comisionar al Mayordomo Cristóbal García Martínez para que en Murcia realice las gestiones oportunas para comprar la nueva corona, que será de plata maciza dorada en oro y con la misma forma y dimensiones que aquella otra que se adquirió nada más acabar la Guerra Civil. Por su parte es nombrado el mayordomo D. Manuel Conejero Espí para encargarse de los solemnes actos que darán lugar a la coronación, para lo cual se van a realizar algunas mejoras, como la instalación de un juego de altavoces en la Parroquia de Sta. Catalina o la contratación de una orquesta para los días festivos. A la vez, también se acordará alargar las Fiestas de Septiembre un día más por la magnificencia del hecho que se va a realizar.

Por fin llega el día 6 de septiembre y la Virgen es traída en solemne procesión a la Parroquia, de donde por la tarde será trasladada a la Iglesia de S. Francisco. Para llevar a la Virgen en este trayecto, se le cubre con una especie de velo o mantilla, realizada por Dª Dolores Ortín Golf, que le fue colocada a la imagen por esta misma señora, ya que así lo había solicitado a la Mayordomía, que tuvo a bien concederle ese deseo.

Ya en el barrio de S. Francisco, y ante el fervor popular de todo el pueblo, la Virgen de Gracia, colocada en un altar construido para tan magna ocasión será coronada por el primer Obispo de la nueva Diócesis de Albacete (fue creada por la bula “Inter praecipua”, de 2 de noviembre de 1949), el Dr. D. Arturo Tabera Araoz, que más tarde llegaría a Cardenal. La Patrona de Caudete fue llevada posteriormente de vuelta a la Parroquia ya con la nueva corona.